domingo, 25 de marzo de 2012

Reseña de "El lectoespectador" de Vicente Luis Mora



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El lectoespectador Vicente Luis Mora
Seix-Barral, Barcelona 2012

El lectoespectador pone sobre la mesa temas de actualidad literaria que muchos suplementos y revistas literarias, digitales o no, obvian, olvidan o menosprecian; el autor, Vicente Luis Mora, ha hecho hincapié en otras ocasiones que dicha actitud la comparten las cátedras de literatura de las universidades españolas, ancladas en un sistema de enseñanza y un canon literario que deberían actualizarse. Desde este posicionamiento se lee un libro cuyo propósito es "una síntesis superadora entre dos líneas de investigación", una "socioestética" y otra "literaria". Lo social vendría a referirse a los cambios producidos por la tecnología en nuestra concepción del mundo en su sentido geográfico político, borrando las fronteras, aplanando las cordilleras y acortando los océanos en verdaderos charcos para crear "Pángea", un mundo que vuelve a ser lo que en una era geológica previa fue un solo continente, y lo literario a transformar en lo individual, personal, subjetivo, nuestro modo de percibir esa realidad de manera múltiple, inmediata, "líquida". Considerando que estos cambios radicales han creado una nueva aproximación a la forma de problematizar el mundo, de socializarse en él, de visualizar y sentir la realidad, esto no se refleja de manera mayoritaria en un nuevo tipo de obra literaria, como sí ha ocurrido, por ejemplo, en el arte. Diría que esto es lo esencial del libro, su parte política, su posicionamiento, y el lógico debate que esta postura puede suscitar entre aquellos que no la comparten o la comparten a medias. Por mi parte he de decir que me parece un libro necesario, altamente ilustrativo en muchos de los ejemplos que expone y didáctico en todo aquello que pueda resultar ajeno al lector, suscita curiosidad sobre diversos temas, y lo que es mejor, los propone como recomendaciones de lectura, lo que en mi caso me ha hecho elaborar una larga lista de obras por leer. Varios aspectos se presentan también con un entusiasmo contagiante, lo que se echa en falta a veces en la crítica, más amiga de la señal profética que del optimismo. En concreto, en lo concerniente a una nueva literatura que devendría del libro electrónico, donde las posibilidades que se abren, tanto de escritura como de lectura, se multiplican. No obstante, hay algunos entusiasmos que no comparto y sobre los que me gustaría deterneme a manera simplemente de hacer frente al aspecto que considero "dogmático" y que, a mi parecer, malogra, estropea el libro.

Estas discrepancias puntuales incluso creo compartirlas con el propio autor, a juzgar por las contradicciones que a continuación reproduciré. La primera se halla en la página 23, donde se lee: "Pangea es el nuevo espacio conformado por todas las realidades, viejas y nuevas; no podía ser de otra forma". (La primera cursiva es suya, la segunda mía). Y en la página 95, citando a Sukenick, leemos: "la forma de novela tradicional es la metáfora de una sociedad que ya no existe" y prosigue: "En realidad, la novela tardomoderna, por no decir, decimonónica, que canoniza cada día no ya las listas de ventas sino, lo que es peor, revistas, congresos y suplementos literarios, intenta hacer creer al lector que vivimos, como mucho, en 1960". (Esta vez las cursivas son mías). La frase "hacer creer al lector" me parece que se contradice con "las listas de ventas", por lo visto no se trataría tanto de "hacerle creer" como de un reflejo, un dato de lo que el mercado consume, es decir, los lectores de hoy, en el mundo de hoy, es decir, la Pangea actual, que, como afirma en la frase anterior, la conformarían "todas las realidades, viejas y nuevas", incluidas la de 1960 y -¿por qué no?- la de 2012.

De todos modos, la idea se halla mejor elaborada después, en la página 152: "Vivimos, como decía Culler, en una sociedad donde la televisión, el cine y las nuevas tecnologías dominan el saber común de los ciudadanos y cualquier cosmovisión literaria que las ignore deliberadamente y represente el hoy mediante escenas de falso costumbrismo pretelevisivo abunda en estructuras sociales esclerotizadas e inexistentes, y apela a unos saberes antiguos que ya no presiden nuestro imaginario." (Cursivas mías). Seguidamente, Mora se toma la molestia de hacer una lista de los autores que "no esquivan el siglo XXI cuando escriben", y dice que por ello "las formas de narrativa pangeica son la alternativa a una especie agonizante de narrativa convencional, en aras de una nueva expresividad: la textovisual, la que conjuga texto e imagen en lo horizontal y una continuidad de artes, ciencias y tecnología en su semántica vertical". (Otra vez cursivas mías). En este punto estoy de acuerdo con el hecho de que "esquivar el siglo XXI" sea una actitud preocupante y errada, pero Culler emplea dos palabras clave, una, "deliberadamente", lo que daría lugar a que no siempre que estén ausentes el cine, la televisión y las nuevas tecnologías se esté "esquivando el siglo XXI" o que se lo excluya automáticamente de la cosmovisión (segunda palabra clave) al tratar cualquier tema. Como dice un lugar común: siempre se pertenece a la época en la que se escribe, aun si hablamos de novela histórica. El propio Mora sostiene en la página 52: "Siempre he pensando que la modernidad de una literatura (de una narrativa, de una forma de componer poesía) radica en el modo en el que el escritor mira; la forma personal y extemporánea en que observa su realidad con ojos nuevos". (La primera cursiva es del autor, las siguientes, mías) Por ello, ¿qué tal si "la forma personal y extemporánea en que observa su realidad" producen una obra -novela, poesía, relato- donde la televisión, el cine y las nuevas tecnologías sean absolutamente innecesarias, como si por ejemplo el propio Mora se propusiera narrar una novela sobre su juventud, en ella no podrían aparecer Google, ni los smart-phones ni los blogs, pero la escribiría empleando Word en un ordenador y se serviría de Internet y los buscadores para documentarse. ¿Haría de él esto un escritor "tardomoderno"? No puedo evitar que este horrible término me suene a etiqueta malintencionada, supongo que los "tardomodernos" de la lista más que halagados sentirán lo mismo.

Por otro lado, ¿de qué daño a la literatura estaríamos hablando si aun "esquivando el siglo XXI" dichos autores, como dice el propio Mora en el pie de página, son ¡excelentes!?: "afortunadamente, en la narrativa española actual última hay excelentes autores tardomodernos, que hacen narrativa basada en modelos tradicionales (sean estos modernos o postmodernos)". Y a continuación despliega una nueva y cansina lista de nombres de lo que considera escritores tardomodernos. Son excelentes porque escriben obras excelentes, imagino, es decir, se puede crear obras excelentes prescindiendo de la televisión, el cine y las nuevas tecnologías, de la imagen, de la pantpágina, y de todas las posibilidades narrativas actuales. No lo digo yo, lo deduzco de lo que dice Mora. Por otro lado, ¿a qué especie agonizante de narrativa convencional se refiere? Los nombres de la lista están bastante lejos de dicha etiqueta. Belén Gopegui, Elvira Navarro, Andrés Neuman no son escritores "agónicos" bajo ningún punto de vista, ni literario, ni comercial, ni mucho menos biológico, son jóvenes, sus libros "no esquivan el siglo XXI" y, en el caso de Neuman, la autoconciencia de autor en la encrucijada de los debates literarios actuales incluso forma parte intrínseca, ya no de alguno de sus libros, sino de su obra vista en conjunto.

No obstante, entiendo lo que quiere decir y ejemplificar Mora, pero me parece que en determinados pasajes El lectoespectador, en su afán por desmarcarse de lo que rechaza, cae en los vicios apresurados de los que el autor, en ocasiones, es víctima por parte de esa crítica tradicional, corta de miras, que desecha por sistema todo aquello que pregone la necesidad de modernización. Estos pasajes son aquellos que elaboran listas, que intentan crear grupos de escritores, que intentan trazar límites entre los diferentes tipos de literatura, oposiciones, dialécticas, para lo cual, es siempre necesario generalizaciones, prejuicios, y un convencimiento que por el tono roza peligrosamente lo dogmático. Esta es mi objeción al libro, no obstante supongo que sin esa dosis de convencimiento, de sólidas certidumbres no se podrían escribir ensayos tan exhaustivos y ambiciosos, con lo cual, el alcance de sus logros serviría para medir también sus flaquezas. Sin embargo, insisto en que me he detenido en mis discrepancias por haberse centrado otras reseñas en los aspectos que comparto -que son la mayoría- y sobre los que no añadiré nada mejor de lo que ya se ha dicho. No sólo me parece un ensayo legítimo y pertinente sino imprescindible para todo aquel que quiera estar al corriente de la nueva literatura, de la actual y de la que vendrá, de sus posibilidades, y de los debates que en este período de cambio se están dando. Mora ha tomado ya partido. Le toca al lector. EEU.

Entrevista a Vicente Luis Mora por Alba Cromm en Canal-L



Blog de Vicente Luis Mora, Diario de lecturas

Cubierta rechazada por los lectores en el concurso que la editorial lanzó en Facebook:



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